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Vuelo de pájaro - Poemas de Nelson Simón González

Vuelo de pájaro

Y ahora debes cortar el aire como si fueras
un pájaro de verdad y no esa figurilla
ridícula y hermosa que es un hombre.
Sobre tu espalda pesan los mil ojos del público,
todas sus vanidades y miserias están puestas
sobre el azul intenso de tu traje
que te hace semejante a una lejana estrella
y apenas te das cuenta de tanta perfección
cuando tu cuerpo cruza
como caña de luz sobre el abismo.


Tu camino es el aire y acaso no es el aire
también nuestro camino,
ese hilo de vida por el que andamos haciendo peripecias,
dibujando parábolas que apenas quedan hechas, ya se borran
y ya nadie recuerda y ya a nadie conmueve el miedo
que pusiste en cada intento, ni la gracia, ni el rubor,
ni el arte de doblarte sobre el mundo,
como si todo tú fueras sólo una hoja limpia y buena
cayendo sin destino.

Está alto el trapecio,
pero altos también fueron tus sueños
y aquellos que apenas brillan bajo tus pies
son sólo manchas en el brillo de tu solapa luminosa,
breves salpicaduras rojas y moradas y grises y amarillas,
tristes sombreros que se agitan simulando la alegría,
sedosos pañuelos que no tendrán piedad
si tú tropiezas.
Por eso atiende a esa brecha de aire manso
que siempre existe entre los vaporosos pliegues
de la muerte.
No pienses que mañana nadie recordará
tu hazaña o tu fracaso
porque ahora mismo tú estás mirándote
desde una silla con espaldar incómodo y suficiente,
tú mismo estás quedándote
como una marioneta, colgado del minuto
en que rompas el aire con tu vuelo
y ya no seas hombre sino lo que soñaste.


Ha de quedar perfecta tu cabriola,
mas, que el calor del júbilo y los ciegos aplausos
no envilezcan tu blando corazón.

Asombrarás a todos con ese fogonazo
de tus manos chcando con sus manos en el aire:
extraña comunión, llanura donde el rumor del pasto
se funde con el rumor de la noche inabarcable.
Regresa sobre él, gira frente a su cuerpo
como frente a un espejo tranquilo,
pensando tal vez que este instante no sea repetible.
Cuida de que ambos refuljan como un anillo de oro
en ese ir y venir entre tinieblas;
nada sabrán de tus desastres, nada de tu soledad
aquellos que al inclinarte y hacer tu reverencia,
esperan repitas la acrobacia,
ese riesgoso acto de dos hombres amándose
mientras cortan el aire ligeros como pájaros.



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